Flaherty / Colbourne

Bridge Out!

Flaherty/Colbourne | Bridge Out! | Family Vineyard | *****
(Por Marco Fierro - www.galactictones.com)

La asociación musical entre Paul Flaherty (Saxófon alto) y Randall Colbourne (Batería), comenzó hace 21 años, a finales de la década de los ochenta (1988), separándose de manera amigable en 1998. Colbourne, dejó la batería para enfocarse por diez largos años en el clarinete. Por su parte, Flaherty formó un nuevo dúo con Chris Corsano, grabando más de una docena de producciones discográficas, invitando a colaborar a otros músicos como Greg Kelly, Thurston Moore, Wally Shoup, John Voigt, Laurence Cook, C Spencer Yeh, Joe McPhee, Daniel Carter, entre otros.

Bridge Out! (2008), es una magnífica renovación del dúo en su discurso sonoro, que se interesa en explorar y crear patrones rítmicos, armónicos y melódicos, basados en un sonido orgánico, potente e intrincado. La interacción y comunicación no verbal, casi telepática de éstos dos experimentados músicos, en todos y cada uno de los ocho tracks del disco, hace evidente la forma libre de sus ejecuciones en una danza musical con un destino no predeterminado creado en el momento.

La grabación es balanceada, definida y brillante, pese a que fue grabado en el pequeñísimo estudio-sótano de Randall Colbourne.

Paul Flaherty & Chris Corsano | CD
Paul Flaherty, Bill Nace & Thurston Moore | CD
The New Blockaders, Thurston Moore & Jim O’Rourke + Chris Corsano | CD

Brötzmann / Kondo / Pupillo / Nilssen-Love

Hairy Bones

Brötzmann / Kondo / Pupillo / Nilssen-Love | Hairy Bones | Okka Disk | *** ½
(Por Marco Fierro - www.galactictones.com)

Hairy Bones, es la última producción discográfica independiente hasta el momento del sello norteamericano, Okka Disk. Dos largos tracks (Hairy Bones 31:43 y Chain Dogs 37:33), registran un concierto que ofreció el cuarteto, en el club de jazz holandés Bimhuis, en su única gira por Europa (6 al 15 de Marzo de 2009), haciendo evidente las posibilidades musicales insospechadas de un ensamble multinacional de punk free jazz, formado por dos veteranos y dos jóvenes músicos.

Aunque la base rítmica y los instrumentos de alientos tocados por Brötzmann se escuchan opacos tendiendo a la frecuencia baja y Kondo se percibe más en las frecuencias medias y agudas, el disco es una exploración musical afortunada, basada en la presencia visceral de Brötzmann tocando el clarinete soprano, saxofones y tarogato, quien exhibe un lenguaje delirante en sus líneas melódicas, en tanto que Kondo con su trompeta procesada declara un sonido armónico de carácter cósmico, que se adhiere a una base rítmica compleja, dinámica y profunda de Pupillo y Nilssen-Love.

Hairy Bones, es un buen archivo sonoro, lleno de espontaneidad, energía y claridad del cuarteto al desarrollar largas y muy interesantes improvisaciones.

Brötzmann / Kondo / Pupillo / Nilssen-Love | VIDEOS (You Tube)
Brötzmann / Kondo / Pupillo / Nilssen-Love | FOTOGRAFÍAS (Žiga Koritnik)

“Desde antes de poder hablar estaba realmente obsesionado con la música”: Oren Ambarchi

Por Oscar Adad

Oren Ambarchi es de esos artistas dentro de la música actual que se agradecen. ¿Por qué? Por el hecho de tener en cuenta que a través de pocos elementos sonoros se pueden crear piezas extáticas y realmente conmovedoras. El caso del australiano es curioso: inicia dentro de estilos muy recargados, como el free jazz y el noise, para terminar en su trabajo actual basado en la electrónica, repetición, frecuencias bajas y un delicado uso de la guitarra procesada, podría decirse que su música es una especie de meditación a través del sonido.

Oren Ambarchi / Foto: Christian Legorreta / Festival de México

Oren Ambarchi / Foto: Christian Legorreta / Festival de México

A live video of \”the final option\” piece from the \”Lost Like a Star\” LP

VIDEO: Oren Ambarchi @ Music Festival Poland 09 pt 1

Ambarchi, a sus cuarenta años, es un hombre tranquilo, reservado; de esa clase de músicos que su forma de conducirse al bajar del escenario es totalmente congruente con su música, la cual está documentada en importantes marcas disqueras como TOUCH, STAUBGOLD y TZADIK, entre otras.

La mañana siguiente a su concierto en México, Oren Ambarchi nos concede unos minutos para charlar con él:

¿Cómo fue que te iniciaste en la música?

Tuve mi primera grabadora desde antes que pudiera hablar. Mi madre me la compró cuando tenía año y medio de edad. Crecí escuchando discos de 7 pulgadas, música de los Beatles, Led Zeppelin, Jimi Hendrix, todo el rock y el pop de fines de los sesenta y principios de los setenta.

Específicamente ¿cómo surgió tu interés por el free jazz?

Mi abuelo tenía una tienda donde vendía cosas de segunda mano: discos, aparatos electrónicos, equipo deportivo, cosas viejas. Había muchos discos y podía tomar lo que quisiera. Un día vi un disco con una manzana en la portada, era de los Beatles, me emocioné y me lo llevé, tenía como 5 o 6 años. Después tomé el Number of the Beast the Iron Maiden ¡pero dentro venía el Live Evil de Miles Davis! Posteriormente conocí a John Coltrane y a los 14 años ya estaba realmente involucrado en el free jazz. Sin embargo, crecí tocando la batería cuando tenía 12 o 13 años y originalmente tocaba cosas de los Sex Pistols, Kiss, pero mi primera experiencia en vivo fue en grupos de free jazz en Sidney, Australia cuando tenía 18 años.

¿Cuándo cambiaste la batería por la guitarra? ¿Con la guitarra empezó también tu acercamiento a la electrónica?

Fue al mismo tiempo en que tocaba la batería. Tomé la guitarra de la tienda de mi abuelo, él también tenía muchos pedales de efectos, grabadoras y cosas así. Entonces, al mismo tiempo que tocaba la batería, en mi habitación hacía experimentos con cassettes y electrónica porque estaba también muy interesado en ella y empecé a usar mucho de mis experimentos cuando tocaba la batería en las bandas de free jazz utilizando la tecnología que obtenía de la tienda de mi abuelo.

Oren Ambarchi / Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Oren Ambarchi / Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

VIDEO: Oren Ambarchi @ Music Festival Poland 09 pt 2

¿Recuerdas alguna experiencia que te haya marcado en tu camino como guitarrista?

Si, tenía 20 o 21 años; viajaba mucho a NY y vi tocar a Keiji Haino. Fue gracioso porque antes había visto a gente como Marc Ribot y muy buenos músicos con gran técnica, siempre he amado la guitarra. Cuando vi a Keiji vi algo muy personal, muy poderoso. Volví a casa en Australia y conseguí un concierto tocando la guitarra, fue una gran noche pero la gente pensó que estaba loco.

Ya que hablas de guitarristas radicales ¿qué opinión te merece Derek Bailey?

Es muy importante. Tengo 30 o 40 discos de Derek Bailey pero no sé si sea una influencia directa en lo que hago. Para mi es realmente importante tratar de encontrar tu propia voz, él tenía una fuerte personalidad pero no quería imitar lo que  estaba haciendo.

En tu trabajo utilizas como base las frecuencias bajas y la repetición lo cual te lleva a estados contemplativos ¿Has estado en contacto con filosofías orientales?

Las frecuencias bajas y la repetición son sonidos que me gustan, cuando era más joven estaba involucrado en estudios místicos judíos y mucho de ello involucra la repetición para llegar a cierto estado, quizá sea una influencia en lo que hago pero no lo sé. Me gusta ver mi música como una especie de búsqueda a partir de un punto muy pequeño, que empiece con algo muy simple, se desarrolle y regrese al punto original.

¿Encuentras relación entre el free jazz y la música con pocos elementos que tocas actualmente?

Sin duda, en el sentido de que todo el free jazz que realmente me gusta es muy extático, músicos como John Coltrane y Alice Coltrane, Albert Ayler. El free jazz, el noise y la música minimalista que me gusta está realmente conectada. De algún modo mucho del free jazz y del noise es minimalista en el sentido de que si los escuchas como un gran sonido está bien pero, como la música minimalista, también puedes escucharlos en torno a detalles y detalles escondidos que hay en el camino.

Oren Ambarchi / Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Oren Ambarchi / Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

VIDEO: Oren Ambarchi @ Music Festival Poland 09 pt 3

Tus discos y sets en vivo son diferentes ¿cómo trabajas en cada uno de ellos?

Me gusta lo físico en el sonido también, por un lado me gustan las cosas muy físicas y por otro las cosas muy delicadas. Muchos de mis discos de estudio buscan un balance entre las cosas sumamente delicadas, acústicas y con pequeños detalles con bajos poderosos y las frecuencias del lugar pero es complicado hacerlo en vivo, cuando toco en vivo busco la parte física, usando más el equipo de audio.

¿Y en términos de improvisación?

Cuando toco solo tengo un punto donde quiero empezar y puedo ir a donde sea, mucho de esto tiene que ver con factores como la habitación en la que toco, siempre va a sonar diferente y estoy siempre respondiendo al sonido. Siempre trato de utilizar la habitación como un objeto de resonancia. Muchos factores determinan a donde va la pieza y hay que improvisar. Y es diferente cuando toco con alguien más, por ejemplo con Keith Rowe donde es completamente improvisado, no tengo idea de todo lo que voy a hacer hasta que terminamos de tocar.

¿En ese sentido en qué situación te sientes más cómodo?

Ambas, depende el proyecto. Me encanta tocar con Sunn O))) como lo que hicimos la otra noche. Es realmente especial para mi hacerlo y sólo usar el instrumento como un procesador de sonido, lo encuentro realmente meditativo y extático.

Retomando el tema inicial, es realmente interesante tu temprano interés en la música…

Desde antes de que pudiera hablar estaba realmente obsesionado con la música, intenté otros caminos pero no funcionó.  Regresé a la música porque es lo que amo, es como el aire o la comida para mí. Siempre tengo que escuchar nuevas cosas, tener nuevos discos, escucharlo todo, ¡creo que tengo un problema! (ríe)

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Audio 2

¡¡OREN AMBARCHI EN XOCHIMILCO!! VIDEO

Reseñas El Nicho - Vice

Niños y niñas, los habíamos tenido un poco abandonados pero aqui les recetamos las reseñas de la revista Vice para El Nicho

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Autistic Daughters – Uneasy Flowers – Staubgold Rec.

 

Es de verdad curioso escuchar un disco de tres improvisadores donde hagan canciones que por momentos rayan en el pop. De entrada el morbo hace de las suyas y me hace darle play. El resultado: siete suaves temas tocados literalmente en reversa. Así es, Autistic Daughters tiene una idea de la belleza sonora más que retorcida o, mejor dicho, tocada por el autismo. Introversión y obscuridad en cada uno de los cortes hacen recordar y darle la razón a Ornette Coleman cuando pregonaba en los años sesenta: Beauty is a rare thing. Hermoso.

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Es – Kaikkeuden kauneus a käsittämättömyy – Fonal Records

 

La primera vez que escuché un disco de Es se me aparecieron hadas y duendes por todos lados. Ahora llega este nuevo álbum a mis manos y sucede más o menos lo mismo. El finlandés logra encender las neuronas musicales y hacerlas, soñar, jugar con seres ¿imaginarios? venidos de lo más tupido de los bosques finalndeses. Ni idea de cómo se pronuncien las canciones o el nombre del disco, pero es lo de menos, aquí el punto es que los duendes y las hadas han descubierto el estudio de grabación y a través de Fonal Records están jugando con el sonido. Una belleza.

“La música es una experiencia temporal. Arte Sonoro son ideas articuladas sobre el sonido en un espacio dado”: Alan Licht

 Por Renata Gutiérrez y Edén Bernal

Alan Licht es uno de los artistas polifacéticos al cual bien vale la pena seguirle el paso. No importa qué tanto creas saber de él, siempre hay una virtud o talento nuevo que conquista. Nacido en Nueva Jersey en el seno de una familia convencional y graduado como cineasta, Licht ha declarado abiertamente que su carrera musical comenzó a partir de la escucha de Music for 18 Musicians de Steve Reich, y por ende, el descubrimiento de otra música minimalista y sus ramificaciones.

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Alan Licht by Benedicte Desrus / Festival de México

Durante su visita a México para la curaduría de Inside Out, exposición inaugural de Radar8, nos compartió algunos de sus valores e inquietudes propias de la cosmovisión del artista, compositor, músico y escritor.

Comenzando por los básicos: ¿Cómo defines al Arte Sonoro, partiendo de la tesis de tu libro Sound Art: Beyond Music, Between Categories?

- El Arte Sonoro es un género que involucra instalaciones y esculturas sonoras. La instalación es una serie de piezas que no son presentadas por individuos y que se dejan libremente al tiempo y al espacio. Son generalmente especializadas y llevan al visitante a dar un recorrido por la experiencia que el sonido genere a través de diversos puntos en una habitación. La escultura sonora es con objetos hechos con una intención específica mostrando las propiedades sonoras que tienen, como un instrumento musical que está construido para producir sonidos por gente que los toca.

Dentro del concepto principal de Inside Out, ¿dónde colocarías el sonido: dentro del cuerpo, fuera de éste; en el espacio dentro, en el espacio fuera? ¿Cómo son abordadas las transiciones y circulaciones del sonido?

Una idea definitiva era convertir a los instrumentos musicales en dentro y fuera, guiándolos como ocurre en las piezas de Manuel Rocha y Christian Marclay. Otra idea era traer los sonidos del exterior como el de la selva o de camionetas jamaiquinas, así como el sonido de un parque de skate a un ambiente cerrado; además, incluso sin el espacio mismo, como la pieza de Thom Kubli que ocupa el área contenida en la nave central de LAA (Laboratorio de Arte Alameda), convirtiéndose nuevamente en algo que está aún más contenido. Me interesa porque las bocinas están contenidas en una especie de cubos de gelatina y la pieza misma se contiene en otro tipo de cubos creados para la exhibición, dentro de este aún más largo espacio. También con Rain Forest V, pieza de David Tudor, los visitantes pueden caminar a través de las instalaciones y tener varios elementos interactivos: bandejas de metal gigantes en los que puedes meter la cabeza y escuchar el sonido que proviene de este material de forma diferente a la que se apreciaría con la cabeza fuera de éste; así que ésta es otra manera en la cual, a pesar de estar dentro de un museo, siempre permanecen las posibilidades de un “dentro” y un “afuera” reunidos en los componentes de la pieza.

Nadine Robinson by Benedicte Desrus / Festival de México

Nadine Robinson by Benedicte Desrus / Festival de México

  ¿Cuál ha sido el desarrollo y el tratamiento del sonido actual; géneros y vertientes?

En las últimas dos décadas ha ocurrido un desarrollo de la audiencia en el que, creo, se han vuelto más conscientes de estas otras formas, de sus divisiones y de la relación entre ellas. En otras palabras, alguien a quien le gusta un tipo de música rock, ruidosa, a la que solían llamar “música industrial” o punk rock y cosas por el estilo, verá una relación entre dichos sonidos y el free jazz o música clásica experimental. Incluso compositores a partir de John Cage, Iannis Xenakis que utilizan prácticas extremas del sonido. Puedes ver esto en festivales como Radar donde constantemente se cruzan fronteras. Mucho de esto tuvo inicios en los sesenta, pues todo comienza a expandirse, y es justo cuando se desarrolla el Arte Sonoro; el free jazz; el rock & roll evoluciona en términos de alto volumen con mucho feed back y distorsión, además de otros factores intrínsecos en la escena experimental o del clásico avant-garde de esa era. Más tarde, en los setentas y ochentas las cosas parecen separarse nuevamente para después volver a juntarse en los noventas y esta década.

 

    Thom Kubli by Benedicte Desrus / Festival de México

    Thom Kubli by Benedicte Desrus / Festival de México

     En la exposición Inside Out, utilizas la experiencia como fundamento de la obra… ¿De qué forma te preocupa el tiempo y espacio en tanto a la selección y apreciación de las piezas?

    Es verdad. Probablemente puedes pasar 5 o 10 minutos apreciando una instalación como por ejemplo Rainforest V, irte a ver otras piezas, después regresar y los sonidos no serán los mismos. Creo que la manera en la que estas piezas están construidas tiene una gran tendencia de sonidos que pueden ser programados, parecido a como activas un shuffle en cualquier computadora y que automáticamente crea diferentes tipos de combinaciones. Del mismo modo, la obra de Michael J. Schumacher embona 29 diferentes fuentes de sonido y aunque veas esta pieza y regreses días después, probablemente reconocerás ciertos sonidos pero el orden estará modificado o proviniendo de diferentes puntos del cuarto, así que aunque esté compuesto de una manera predeterminada, permanece en una reformación que modifica constantemente el entorno. Esto no se aplica en la pieza de Nadine o de Manuel, pero creo que con cualquiera de las piezas podrá también sonar diferente aunque el espectador salga y escuche cosas similares en su vida cotidiana, o tal vez estas cosas ordinarias les parezcan diferentes. Por ejemplo, en el parque de enfrente siempre puedes escuchar diferentes tipos de música tocados al mismo tiempo y creo que después de que la gente escuche, principalmente la pieza de Nadin Robinson, escucharán esa música de manera diferente a la que habían hecho antes. Una de las cosas más importantes que tienen estas piezas es que te hacen más consciente del sonido de tu ambiente inmediato, después de experimentar los sonidos en un marco muy controlado como éste. 

     

     

Sebastien Roux by Benedicte Desrus / Festival de México

Sebastien Roux by Benedicte Desrus / Festival de México

 En cuanto a tu carrera desde el escenario y ahora en este otro rol de ser curador en un espacio callado y casi sagrado como un museo ¿Cuál es la conexión que encuentras entre Arte Sonoro y los géneros musicales?

 Obviamente no es la misma fuente de experiencias; experimentar un concierto no es lo mismo que ir a una exhibición de Arte Sonoro, y yo siento que el Arte Sonoro por sí mismo es completamente otra experiencia a la de escuchar música. Parte de lo que he estado haciendo es libre improvisación, la cual al mismo tiempo es muy diferente al tipo de música compuesta de una manera predeterminada, o a una instalación sonora que corre en una sala. Es algo en lo que estoy muy interesado pero al mismo tiempo me interesa también ser un escritor, un curador y eso se trata de construir algo muy rígido. Siempre he tenido esta especie de dualidad; entonces, por una parte mantengo la idea del sonido o una exhibición de sonido adjunta básicamente a conceptos serios que encajan muy bien en mis intereses. Estoy de alguna manera interesado en los conceptos musicales que se han estado presentando en Radar, que en muchos casos es música improvisada como noise, free jazz o lo que sea. Involucra siempre un elemento de improvisación, así que la gente puede experimentar una música que está ocurriendo en el momento. Creo que es una experiencia muy valiosa, pero al mismo tiempo creo que también es una experiencia valiosa estar en una instalación sonora, la cual está dentro de un programa determinado la mayoría del tiempo; aunque eso “carece” en términos de espontaneidad, pero complementa un nuevo tipo de experiencia con el sonido. En otras palabras, de estar consciente del sonido más como factor ambiental que como experiencia interpretativa. La música radica más en una experiencia temporal. Algo que está en un momento. Y el Arte Sonoro es realmente acerca de ideas articuladas sobre el espacio y específicamente el espacio dado; por ejemplo, cada pieza se trabaja de acuerdo al espacio designado, si la sala cambiara, probablemente la pieza adoptaría una forma y figura diferente y todo tiene que ver con la textura, el espacio, la forma y el diseño que la sala proporciona. Una buena manera de decirlo es: las actividades de conciertos de Radar son acerca de música en el momento, e Inside Out es acerca del sonido y espacio.  

Radar: Keiji Haino / Zu - Mike Patton

 Por Marco Fierro www.galactictones.com

El último de los conciertos de Radar, Espacio de Exploración Sonora, en su octava edición, pudiera ser descrito como una vibración musical intensa, cargada de profundos sonidos refrescantes para nuestros oídos y entrañas.

Aquella noche, luego de que en repetidas ocasiones se escuchara en el sistema de audio del Lunario la advertencia de no tomar fotografías con flash, y que un gran número de personas que disfrutamos del rock experimental, free noise y avantgarde deseábamos que iniciara el primero de los conciertos, se alcanzaba a percibir una energía contenida en el ambiente que esperaba a ser liberada tanto de los músicos como de la audiencia.

Acompañado de un estruendoso alarido del público al unísono y unas cuantas luces muy tenues que dibujaban su silueta, el legendario multiinstrumentista y compositor nipón, Keiji Haino, salió al escenario para encender todos y cada uno de los amplificadores, seguido de unos cuantos acordes y el último ajuste a sus diversos pedales para dar comienzo a un primer set sumamente visceral.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

El set de Haino, fue aproximadamente de una hora y media y podríamos dividirlo en tres paisajes sonoros continuos.

El primero de éstos paisajes sonoros, giro en torno a la ejecución de acordes procesados por sus pedales, para elaborar una serie de capas sónicas que evolucionaban y se superponían una sobre la otra, interactuando con sus pull offs, bendings y vibratos, acompañados ocasionalmente de una paleta de gritos y susurros también electrónicamente procesados. Al transcurrir sus improvisaciones, Keiji Haino, fue rompiendo las cuerdas de su Gibson para terminar con dos de las seis que tiene una guitarra.

Ya en el segundo paisaje sonoro, dejó de lado su guitarra, para enfocarse en una mezcladora, una caja de ritmos y un aparato que contaba con un sensor de movimiento para crear, sin duda alguna, el clímax de su presentación en México. Fue sorprendente ver como programaba unas cuantas secuencias rítmicas para comenzar a mover sus manos sobre este aparato que modificaba las frecuencias sonoras al acercar sus manos, moverlas o alejarlas.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Por último, regreso a su guitarra y al micrófono para cerrar su set con un: “Gracias”, y dar paso a un rugido del público que observó, escuchó y calló en toda su presentación. Muchas personas a mi alrededor estaban aturdidas y unas cuantas muy prendidas.

El set de los italianos Zu, acompañados de Mike Patton, desahogó mucha de la energía que contuvo el público durante el set de Haino y fueron evidentes los gritos, saltos y empujones que se dieron cuando los enmascarados arribaron al escenario, además que hubo una constante y muy buena interacción entre el cuarteto y la audiencia.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Zu, es un trío muy sólido y con una trayectoria de diez años que oscila entre el punk, metal y el no wave. Los temas que tocaron fueron de su última producción discográfica llamada, Carboniferous, editada en el sello disquero independiente de Mike Patton, Ipecac Recordings.

Luca T. Mai, tocando o golpeando su saxofón barítono hacía patrones rítmicos constantes, para que Massimo Pupillo con su magnífica manera de tocar el bajo junto con Jacopo Battaglia en la batería, crearan ritmos sincopados, cambios armónicos y de tempo que caracterizan al trío. Por su parte Patton hacía redonda la experiencia sonora con sus ya muy conocidos gritos, samplers y scratchs. La destreza al tocar del bajista de Zu (Pupillo), muestra claramente porque ha colaborado con músicos como Peter Brötzmann, Terrie Ex, Paal Nilssen Love, Toshinori Kondo, entre otros.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

El tiempo que tocó Zu + Patton, fue de casi una hora y regresaron en una ocasión para dar por concluido el último de los conciertos de Radar 8.

En suma, fue una excelente noche, aunque me gustaría dejar un par de reflexiones para todos aquellos que fuimos al Lunario esa noche: ¿es satisfactorio ver a alguien en el escenario no sudar ni una sola gota por el uso excesivo de tecnología y mostrar más un arte propio del Teatro Kabuki? y ¿es necesario hablar español y utilizar máscaras de luchadores para conectar con el público?

Radar: Nurse with Wound / Guillermo Galindo / Daniel Menche / Christian Galarreta

 Por María Fernanda Garza Ordóñez

Palacio de Medicina lleno, 21.00, la gente ansiosa formada para entrar, era tarde. A lo largo de la fila se escuchaban comentarios emocionados, prometía ser un gran concierto.

Finalmente abren las puertas. Conseguir un buen lugar era primordial. Esperar las últimas afinaciones y Christian Galarreta (artista peruano que originalmente se presentaría el 19 de marzo, pero por cuestiones meteorológicas no pudo) salta al escenario haciendo todo lo contrario que hizo el día anterior. Un manejo de laptop y ondas sonoras domadas, donde el ruido se hacia agradable conforme pasaban los cliks. Continuo y concreto.

Guillermo Galindo (mexicano) apareció vestido de cirujano. Dando la espalda a una pantalla que dejaba ver el interior de su boca (con ayuda de un microscopio que introducía en la misma) nos presentó su obra “Microkoan”. El autor de dos óperas nos reconfortó con un ambiente totalmente anatómico, en el que el sonido se complementaba con las imágenes que fluían al compás de la luz que emanaba de su cavidad bucal. Con un buen manejo del performance dejó el escenario con una gran sonrisa, así como un público satisfecho.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

El norteamericano Daniel Menche se presentó a demostrar lo que mejor sabe hacer: un espectáculo ordenado que fue creciendo hasta dejar boquiabiertos a más de uno.

En un momento en que el misticismo religioso se ha dejado de lado, Menche hizo temblar el escenario llevándonos de la mano en su creciente agonía.

Durante el soundcheck generó mucha expectativa por parte de los trabajadores del Palacio de Medicina, ya que hizo vibrar los objetos en exhibición al punto de reventarlos. Lo que a su vez dejó mudos a los asistentes cuando los sonidos que emitía estaban creados por autoflagelación: golpeándose el pecho, la cabeza, la garganta ayudado por cadenas, un micrófono y un tubo metálico.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

 Curiosa práctica en el autor de más de treinta grabaciones, quien al terminar se mostró muy amigable con las personas que se acercaban a saludarlo.

Nurse With Wound.

Después de una larga espera, finalmente sale la agrupación más deseada a escena. Los headliners británicos arrancaron gritos y saltos entre los presentes.

Un conjunto impecable que tuvo de todo. Videos oscuros que generaron el ambiente pare recibir los sonidos eléctricos, instrumentales y las voces que jugaron papeles importantes, especialmente al final que Steven Stapleton se puso a cantar “Rock n´Roll Station” (pieza de su álbum de hip hop experimental). Y quién también ofreció una disculpa por el retraso y denotó estar feliz con su audiencia.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Pudimos ver experimentación con juguetes, con guitarras tocadas por arcos, con tornamesas; videos poco convencionales, de personas en el agua, conviviendo con paredes hechas de carne, entre otras imágenes igualmente exóticas.

Un grupo que vale tanto la pena escuchar grabado como en vivo.

La presentación se resume en acierto tras acierto, un trance que nos sumergió en un mundo paralelo donde el ruido formo parte de un todo en que los escuchas fuimos gratamente atrapados.

“Lo más importante cuando tocas música no es ver qué haces cuando tocas, sino cuando escuchas”: Elliott Sharp

Por Oscar Adad

Pieza clave en el desarrollo de la música experimental en los últimos 30 años. Decenas de discos grabados. Cientos de colaboraciones con los más importantes artistas de distintas escenas. Científico loco. Multiinstrumentista. Interdisciplinario. Escucha empedernido. Compositor incansable. Improvisador camaleónico, él es Elliott Sharp.

Foto: Scott Friedlander

Foto: Scott Friedlander

 

Niños y niñas, aquí les comparto esta charla que tuve hace algunos ayeres con uno de los músicos más propositivos de los últimos años: E# 

Usted tiene una larga trayectoria ¿cómo fueron sus inicios en la música?

Estudié piano clásico cuando tenía seis años, clarinete clásico a los 8 y en 1968 cambié a la guitarra. Cuando llegó la psicodelia, estaba tocando el clarinete en una banda de rock en la que  hacía los efectos en máquinas hechas por mí mismo. Pero realmente quería tocar la guitarra porque estaba muy inspirado por Jimi Hendrix, Jeff Beck y en muchos guitarristas de blues.

 Después tuve un programa de radio en Pittsburgh donde descubrí música increíble: Stockhausen, Ligeti, Coltrane, Ornette Coleman, Cecil Taylor, Xenakis…todo. La música me llegó cada vez más y me hizo tocar más.

 Es también un músico muy interesado en cuestiones extra musicales ¿a qué responde este interés?

Si, especialmente en las matemáticas, geometría fractal, la teoría del caos, artes visuales, cine, en fin todo lo que sucede en el mundo. Gary Snyder, un gran poeta americano, dijo que lo que necesitabas para escribir un poema eran cosas como el color del cielo o el canto de los pájaros y tomarlo de manera abstracta. La música que sólo tiene que ver con música no me interesa demasiado ya que hay muchas cosas más allá de ella.
Foto: IntangibleArts

Foto: IntangibleArts

Tengo entendido que es también científico…

Si, obtuve un premio nacional de Ciencia en 1968 por ser un joven científico. El hecho de ser científico,significó para mí trabajar en el departamento de defensa donde no tenía el deseo de ser parte de la maquinaria militar estadounidense. Así que me involucré más a fondo en la música, tocando en bandas psicodélicas, blues y después experimentar con instrumentos diferentes, composiciones e improvisación.

 La mayoría de los grandes improvisadores son también muy estudiosos del intrumento…

Creo que el viejo Charlie Parker tenía eso, aprender todo sobre el instrumento, olvidarte de ello y después tocar. Así que como guitarrista hice un gran esfuerzo por aprender el bebop, el blues y aprender a tocar como todos los maestros, no guitarristas clásicos, sino blues, jazz, aprender armonía, melodía…técnica. Pero al mismo tiempo siempre había otro sonido el cual me interesaba, incluso al principio siempre intentaba hacer mi propio sonido y encajaba perfectamente bien con la música psicodélica y con el free jazz obviamente.

 Derek Bailey decía que él tocaba un instrumento convencional de una forma no convencional…
 
Estoy de acuerdo con Derek. Yo siempre intentaba tocar los instrumentos de cuerda y viento como percusivos. La relación cuando toco instrumentos de viento como el clarinete y el saxofón cambia el acercamiento en la forma de tocar instrumentos de cuerda en términos de fraseo y respiración, haciendo que la melodía siga una idea de respiración…inhalando y exhalando.
Foto: Scott Friedlander

Foto: Scott Friedlander

 

Ya que hablamos de guitarristas ¿qué opinión le merece Sonny Sharrock?
Fue una gran influencia para mí. Encontré mi primer disco de Sonny Sharrock cuando tenía 18 años. Fue en una tienda donde tenían música bastante normal, y ví un disco que no quedaba del todo ahí y dije “ah se ve grandioso”, tan sólo costaba 99 centavos y pensé que todo iba bastante bien. Cuando lo puse por primera vez no sabía que pasaba, Linda Sharrock gritando en la canción Monkey Pokie Boo. No sabía que eran esos sonidos tan poderosos pero lo escuchaba y lo escuchaba, un año después lo ví tocar y fue increíble. Posteriormente nos hicimos amigos y tocamos juntos, Sonny era una gran persona y un magnífico músico.

Usted ha tenido la oportunidad de tocar con una gran cantidad de músicos provenientes de distintas culturas ¿Cuál ha sido su experiencia?
Cuando improvisas con alguien, tratas de crear algo para encontrarlo en un punto medio. Con algunos músicos como Jin Hi Kim, quien también está muy involucrada en la música contemporánea y en la improvisación, improvisar es como tener a dos músicos tocando dentro de un mismo lenguaje y no en lenguajes separados. También he tocado con Nusrat Fateh Ali Khan que es uno de mis músicos favoritos. Trabajar con él fue como estar en un cuarto con John Coltrane. Él toca música Qawwaly y cuando toca es siempre esa música. Tuve que encontrar la manera de tener un vocabulario dentro del suyo, no podía ser una música separada una de la otra. O cuando toqué con Bachir Attar de los Master Musicians of Jajuka, quien conoce diferentes tipos de música occidental, pudimos encontrar un punto medio para cada uno tener su propia voz.

¿Para sus distintos proyectos qué es lo que busca principalmente en los músicos?
Es una mezcla de varias cosas, una parte es la habilidad musical. Pero también son cuestiones sociales porque para mí la música de improvisación es bastante social. Cuando hago una banda, por ejemplo en mi grupo de blues o en la orquesta Carbon, obviamente quiero músicos que tengan las herramientas, que sepan todo sobre su instrumento, pero también que no piensen en ello y sean capaces de escuchar porque la parte más importante cuando tocas música, no es ver qué haces cuando tocas sino cuando escuchas. Me gusta mucho este tipo de músicos y podría estar en una Van con ellos 10 días o dos meses.

 

Radar: Jornada de Electrónica Experimental: Oren Ambarchi / La Orquesta Silenciosa / Christian Galarreta

 Por Oscar Adad

El clima estuvo a punto de arruinarlo todo: Una molesta llovizna que no cesaba obligó a cancelar el set del peruano Christian Galarreta. El retraso de cerca de una hora hacía pensar que ni La Orquesta Silenciosa y mucho menos el australiano Oren Ambarchi subirían al escenario, la cosa no se veía nada bien.

Foto: Bendedicte Desrus / Festival de México

Foto: Bendedicte Desrus / Festival de México

Finalmente la lluvia amainó, el público con paciencia esperaba que se reanudaran las acciones y la Orquesta Silenciosa fue la encargada de hacerlo.

El proyecto comandado por Manrico Montero es uno de los más atractivos dentro de la música experimental en nuestro país. Conjunta a músicos surgidos de la academia, improvisadores y artistas visuales quienes a través de instrumentos acústicos, eléctricos y lap tops crean atmósferas de sutileza visual y sonora.

Foto Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Sin embargo, en esta ocasión, La Orquesta Silenciosa parece ser que no tuvo su mejor noche. Los pedales de Julio Clavijo en la guitarra, la viola de Alex Bruck, los procesos digitales de Montero en su lap top no cuajaban del todo. Había algo en la Orquesta que no permitía colapsar el ruido y dar paso a la delicadeza del sonido.

La banda se notaba fuera de foco y fue ahí donde la cellista Maria Lipkau realmente tomó al silencio como un aliado. Lipkau miraba a cada uno de sus compañeros, escuchaba su entorno y a partir de ahí ofrecía su sonido, lamentablemente los demás integrantes del ensamble estaban tan ensimismados en sus instrumentos que no percibieron el mensaje de la cellista. Si tan sólo se hubieran remitido un poco al nombre de la banda las cosas hubieran sido distintas.

Oren Ambarchi

El australiano Oren Ambarchi era para esa noche el plato fuerte. Si el escucha está familiarizado con el discurso del guitarrista sabe a qué atenerse. Oren es un músico que apuesta por la contemplación en su sonido. Repetición, espacios abiertos y frecuencias bajas son las materias primas con las que Ambarchi crea un lectura que va más allá de lo acústico para convertirse en una experiencia física.

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

Foto: Benedicte Desrus / Festival de México

El set de Ambarchi fue con dosis más altas de elementos sonoros que a las que nos tiene acostumbrados. Para los fans que esperaban sonidos a la Grapes from the Estate, quizá no haya sido del todo convincente. A pesar de ello el australiano consiguió ensamblar una estructura sónica a través de su guitarra procesada que invitaba al escucha a llegar al estado contemplativo. Muchos sonidos, sí; pero también muchos espacios. Eso hay que agradecerle.

Lo que habría que reprocharle es su poco tiempo en el escenario. Parecía que tenía la mesa puesta para una pieza más, había allanado el camino, la audiencia esperó pacientemente, pero al final de lo que parecía ser la mitad de su presentación, se despidió y abandonó el entarimado. El motivo, sólo él lo sabe.

La noche de Han Bennink

Por Oscar Adad 

Ya se veía venir: desde la conferencia de prensa el legendario baterista holandés, con su espontaneidad y sentido del humor, se echó literalmente a la bolsa a los reporteros allí reunidos. Han Bennink, el batería que lo mismo toca en el piso, sobre bolas de queso y que ha compartido escenario con músicos de la talla Eric Dolphy, Derek Bailey, Steve Lacy, Peter Brötzmann, entre muchísmos otros, encendía así la mecha de lo que sería su primera presentación en México.

Foto: Cortesía Festival Radar

Foto: Christian Legorreta/Festival de México

En lo personal este era uno de los conciertos más esperados por un servidor. El simple hecho de saber que Han Bennink pisaría tierras mexicanas era ya histórico y motivo suficiente para estar a la expectativa. Han es el baterista más creativo, técnico e irreverente que ha parido Europa y, por si fuera poco, el resto del ensamble estaba conformado por verdaderos francotiradores de la música improvisada: Ray Anderson, trombón; Marc Ribot, guitarra; y Greg Cohen, contrabajo.

Fiel a su costumbre, Bennink es el primero en tomar la batuta de la situación: se sienta en el banquillo de su batería, da un golpe al bombo y es ahí donde da inicio el concierto. Por su parte, Ribot, Cohen y Anderson, con cautela, empiezan a subirse al tren del holandés y a calentar motores. Se notaba que era la primera vez que accionaban juntos.

Foto: Benedicte Desrus

Foto: Benedicte Desrus/Festival de México

Las piezas se acomodaban y con ello llegó el suceso clave que marcaría prácticamente el rumbo de las cosas: casi al inicio del show, Ray Anderson y Marc Ribot introdujeron Tequila, composición de Chuck Río que rápidamente elevó la temperatura del teatro. A partir de ahí se dio un concierto festivo donde la improvisación, los grooves, los standards y el sentido del humor hacían que el público se involucrara cada vez más.

 Ray Anderson manejaba con maestría el trombón, Greg Cohen confirmaba su estatus del guardaespaldas perfecto, Marc Ribot insistía en ser el más estucturado e incrédulo de la banda, mientras que Han Bennink mostraba detrás de los tambores el por qué es considerado una leyenda viviente. No en vano el crítico Neil Tesser dice que Bennink toca la batería “con la precisión de un cirujano y la desinhibición de un lunático”. Y es que el holandés, a pesar de su larga carrera en la música, continúa tocando con una energía de verdad arrolladora, gran técnica y espontaneidad envidiable, tan es así que no le bastó el set normal de batería y en par de ocasiones lo dejó para percutir el piso y sus zapatos.

 

Foto: Benedicte Desrus

Foto: Benedicte Desrus/Festival de México

Así como a los reporteros, Han Bennink se echó a la bolsa a los asistentes al Teatro de la Ciudad. El Han Bennink que tocó para los fotógrafos un improvisado set encima de un cenicero en una calle de la Zona Rosa; el Han Bennink que le divierte más tocar cualquier otro objeto que una batería convencional; el Han Bennink que celebraba con los brazos en alto al finalizar el concierto; el Han Bennink que dice que la mítica sesión del álbum Machine Gun ha sido la peor de su vida, estuvo en nuestro país para obsequiarnos una noche inolvidable…la noche de Han Bennink.